La adolescente boliviana de 16 años, desaparecida desde el sábado en Chivilcoy, fue localizada sana y salva gracias al rastreo de cámaras y celulares. En exclusiva con Bolivia Al Aire TV la madre de la menor denunció que por el momento tiene poca información por parte de las autoridades y reveló el calvario de bullying que la menor sufría en una fraternidad de danza.
Tras más de 3 dias de intensa angustia y movilización, la menor de 16 años, fue hallada con vida y en buen estado de salud en la localidad bonaerense de Gregorio de Laferrere. La adolescente, que había desaparecido el último sábado 26 de septiembre de su domicilio en Chivilcoy bajo la sospecha de haber sido captada por un adulto, fue localizada en la vía pública gracias a un operativo interjurisdiccional que rastreó sus movimientos digitales y descartó la primera hipótesis que la ubicaba en Pergamino.
El reclamo de la madre y el hermetismo judicial
A pesar del alivio que trajo el hallazgo, el calvario familiar continúa. En diálogo exclusivo con Bolivia Al Aire TV, Hilda Rojas, madre de la menor, expresó su impotencia ante las restricciones judiciales que le impiden ver a su hija tras la aparición.
«No me permitieron hablar con ella. Me dijeron que le hicieron la revisión médica y que recién mañana se comunicarán desde el Servicio Local. En la comisaría me pidieron mis datos y me dijeron directamente: ‘la hija no te la vamos a entregar’«*, relató Hilda, quien durante los días de búsqueda impulsó la campaña en medios y consulados por el temor de que la adolescente cruzara la frontera o fuera víctima de una red de trata.
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El rastreo tecnológico paso a paso
El operativo de búsqueda se activó la misma tarde del sábado tras la denuncia formal en la comisaría local. Según detalló el área de Seguridad del municipio, el rastreo comenzó con el despliegue de móviles en estaciones de trenes, terminales de micros y espacios públicos de Chivilcoy, a la par de la emisión de alertas a nivel nacional. La investigación dio su primer giro el domingo, cuando Abigaíl se comunicó telefónicamente con una amiga afirmando que se encontraba en buen estado de salud, que no regresaría y revelando la existencia de una presunta pareja. Este dato movilizó inicialmente a efectivos de la Policía Federal y de la Dirección de Investigaciones hacia esa ciudad, aunque finalmente el cruce de celulares terminó ubicándola en el partido de La Matanza.
El éxito para dar con el paradero de Abigaíl, fue netamente tecnológico. Néstor Dabi, secretario de Seguridad de Chivilcoy, detalló a nuestro medio cómo se articuló el protocolo. «A través del centro de monitoreo de cámaras, la geolocalización de teléfonos celulares y el cruce de llamadas, tuvimos la novedad de que se podía encontrar en Laferrere», explicó el funcionario.
El trabajo conjunto entre la Dirección de Investigaciones local y fuerzas provinciales permitió encontrar a la menor el lunes al promediar las 16 horas caminando sola por la carretera, a unas tres horas de su ciudad de residencia, mientras el rol del adulto sospechoso sigue bajo estricta investigación de la fiscalía.
A pesar del alivio que trajo el hallazgo, el calvario familiar continúa. En diálogo exclusivo con Bolivia Al Aire TV, Hilda Rojas, madre de la menor, expresó su impotencia ante las restricciones judiciales que le impiden ver a su hija. «No me permitieron hablar con ella. Me dijeron que le hicieron la revisión médica y que recién mañana se comunicarán desde el Servicio Local. En la comisaría me pidieron mis datos y me dijeron directamente: ‘la nena no te la vamos a entregar’«*, relató Hilda, quien durante la búsqueda temió que la adolescente fuera víctima de una red de trata.
Bullying en la fraternidad y drama intrafamiliar
El expediente expone además un trama intrafamiliar que ahora es materia de análisis por parte de la fiscalía y la jueza de menores. Durante la entrevista, su madre reveló que Abigaíl había abandonado recientemente sus estudios secundarios debido al constante hostigamiento y agresiones por parte de integrantes mayores de una fraternidad de danza de la misma comunidad boliviana.
«Ella quería bailar en un grupo de Salay, y preguntó por unos trajes. Como dijo que le parecían muy caros, otras chicas la agredieron. Vino la amenaza de querer pegarle y de que la iban a matar«*, denunció la compatriota boliviana.
Esta situación de bullying constante, frente a la cual la policía local se había negado a tomarle una denuncia previa, fue el detonante que empujó a la menor a dejar la escuela.
De acuerdo a los testimonios brindados por su madre, tras abandonar la institución por las amenazas de la fraternidad, au hija fue enviada temporalmente a Buenos Aires junto a sus dos hermanos mayores —de 22 y 25 años— para intentar resguardarla. Sin embargo, luego de trabajar dos meses allí, la adolescente pidió regresar a Chivilcoy, donde los conflictos escalaron hasta desencadenar en su desaparición del hogar durante el fin de semana.
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