COMUNIDAD: El histórico grito boliviano en Plaza de Mayo a 50 años del Golpe de Estado en Argentina

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Bajo las banderas de la hermandad y la lucha contra el olvido, este 24 de marzo se marchó para pedir justicia por los compatriotas bolivianos víctimas de la Dictadura Cívico Militar en Argentina y el Plan Cóndor.

A pesar de que paso medio siglo del inicio de la última Dictadura Cívico Militar en argentina, del 24 de marzo de 1976, en este 2026 la Plaza de Mayo y las avenidas del micro centro porteño se lleno de familias exigiendo Memoria, Verdad y Justicia, por los casos que hoy siguen en la impunidad. En un hecho histórico de la comunidad boliviana en Argentina se abrió paso formando un bloque inédito de comunicadores, trabajadores e hijos de migrantes, al ritmo ancestral de Sikuris y con la Wiphala en alto.

La organización de Comunicadores Bolivianos en Argentina COBOAR, convocó a exigir justicia por los compatriotas detenidos y desaparecidos y denunciaron que los casos son mas pero por miedo o el desconocimiento de familiares los datos no son oficiales y solo con la participación activa de todos se puede reconstruir la historia.

La marcha fue una demostración de presencia para recordarle a la historia oficial que el terrorismo de Estado también tuvo victimas migrantes y, como en esa época sangrienta, también se perseguía, detenía, deportaba y asesinaba por el color de piel o por luchar por los derechos humanos.

Detrás de los números hay nombres, apellidos y oficios que la historia intentó borrar. La organización Memoria Abierta logró documentar una lista dolorosa de al menos 40 desaparecidos bolivianos por la maquinaria represora estatal. Sin embargo, la herida es aún más profunda y extensa. En lugares como Ledesma, provincia de Jujuy, territorio donde el poder económico y militar actuó en total impunidad, todavía hay casos de compatriotas bajo investigación judicial, lo que confirma que la represión tuvo un ensañamiento particular con los trabajadores de la tierra y los migrantes en el norte argentino.

El terrorismo de Estado operó con una de una forma macabra que no se limitó a los centros clandestinos. Hubo un plan sistemático de destierro y exclusión: cientos de bolivianos fueron expulsados de sus hogares y deportados a la fuerza hacia al sur de Capital, Villa Lugano. Otros sufrieron el peso directo del Plan Cóndor, siendo exiliados de manera forzada y entregados a su país de origen gracias a la sangre fría y la complicidad del presidente de facto boliviano, el dictador militar Hugo Banzer Suárez.

Políticas similares con la dictadura y el gobierno nacional actual

El hecho de mantener una memoria activa, no implica solo recordar el pasado sino comprender el presente y más en este contexto donde las políticas migratorias en el gobierno actual promueven un racismo institucional que es acompañado por la decisión y ejecución del poder que se brinda a la Policía Federal en los operativos migratorios donde te detienen por “portación de rostro” en los barrios populares como Villa Celina, Liniers o el último más reciente en Olimpo. La periodista de trayectoria e integrante de COBOAR Esther Barrera Mendez, dijo que es necesario que el periodismo ejerza un compromiso con los derechos humanos y más en este contexto “El periodismo debe ser un puente entre el lector y la historia de la memoria”. Su definición nos marca la necesidad de desarmar la histórica criminalización mediática hacia la comunidad migrante y contar también el aporte que hace la mano trabajadora en el país. Ella, manifestó que es la primera vez que participa de un proyecto como este de los comunicadores comprometidos con los Derechos Humanos y que juntos están construyendo redes sociales para que quienes tenga un familiar o conocen un boliviano desaparecido bajo el ultimo terrorismo entre 1976 y 1983, para quienes quieran aportar información en forma anónima si así lo requieren.

La memoria migrante y el compromiso de nuestras futuras generaciones.

Frente a los discursos de odio, son las nuevas generaciones las que toman el legado. Las recientes imágenes de los operativos migratorios encendieron las alarmas de las organizaciones en defensa de los derechos migrantes.

Quienes hoy llevaban las Wiphalas en alto eran, en su mayoría, hijos de bolivianos que de manera familiar y colectiva sostienen con orgullo su identidad. Wayra Mamani, comunicadora de Bolivia al Aire e hija de migrantes, marchó en primera fila representando sus raíces originarias y la nacionalidad de sus padres: “La juventud no debe olvidar el terrorismo de Estado”, sentenció. Su voz deja en claro que la comunicación tiene el deber y compromiso de sostener la historia no contada e invisibilizada en el relato oficial actual.

El genocidio de los pueblos originarios: la demanda histórica de nuestros pueblos

El ritmo de los Sikuris Ayllu Quechua Aymara,  grupo que lleva a delante el maestro Daniel Paz Linares, más conocido como «Lobito», acompañaron esta primera marcha de los bolivianos residentes en Argentina. Con la música andina, que representa la hermandad, la integración de los pueblos originarios también estuvo presente para denunciar las políticas negacionistas, contra el genocidio que nunca se juzgó aún y contra las políticas que atentan hoy contra la Ley de Tierras; medidas que buscan expulsar a las comunidades originarias de sus territorios ancestrales para beneficio de los grandes capitales.

Frente al componente racista de las políticas represivas del 76 en Argentina, Tatiana Quispe, del medio Telesisa y maestra de ceremonia de la jornada, marcó presencia llevando un cartel contundente: “Los primeros desaparecidos fueron indígenas”. Con dos pañuelos tejidos a mano que cubrían su vestimenta ancestral, expuso con claridad la realidad que se sigue sufriendo: “En el 76 se robaron bebés, torturaron y desaparecieron militantes; entre ellos, migrantes y hermanos de los pueblos originarios”. Esta lucha, remarcó, “enlaza a los pueblos en conjunto con los organismos de Derechos Humanos para que la justicia sea recíproca, sin importar nacionalidad ni identidad originaria, ante un Estado que profundiza un sesgo excluyente y económico”.

El 24 de marzo quedo claro que el terrorismo de Estado, sea en argentina o donde se aplicó el Plan Cóndor en Latinoamérica, no es ajeno a los bolivianos. Los crímenes de Lesa Humanidad ni discriminó pasaportes, ni edades, ni fronteras. Hoy, un grupo de comunicadores bolivianos comprometidos con el pedido de justicia por los 40 bolivianos desaparecidos (que pueden ver más casos que no fueron denunciados por temor o falta de información), dan un paso para que las futuras generaciones participen en esto de sellar la Memoria Activa por los Derechos Humanos.

 

POR: Wilmer Canaviri

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